Línea editorial

 

UNA LUZ DE EMERGENCIA

Nuestro aporte busca ser una luz de emergencia, que simplemente se encienda cuando haya oscuridad, y permita descubrir caminos nuevos que conduzcan al encuentro con Dios, para que sea Él, quien los guie.

Como dice el Padre Antonio Mas Arrondo, invitar a todos a “entrar al castillo” (nuestra alma) para encontrarnos con el Dios que nos habita, Él nos irá limpiando hasta sacar a la superficie todo Su brillo y Su belleza. Para que cuando nos miren puedan verlo a Él.

 

NI SUPER HOMBRES, NI SANTOS

Pretendemos tener una mirada objetiva y realista. Dios es concreto y se manifiesta en la realidad de la persona, no en la fantasía de la perfección o en un modelo de santidad inalcanzable e inaccesible, Dios hace maravillas con lo poco que somos, porque sabemos que “llevamos este tesoro en vasijas de barro” (2Cor 4, 7).

Queremos trabajar en el hoy, con una mirada arraigada en la realidad actual de la persona y en su contexto. Tomando del pasado lo que hay de bueno y útil, y contemplando la experiencia de otros que pueden marcar un camino o darnos pistas para recorrer el propio.

VALIENTES

Es verdad que no somos santos, ni ángeles, ni superhombres, pero somos “valientes” que queremos morir “amando”, porque el hombre fue creado por y para el amor. “Para este fin de amor fuimos creados”  dice San Juan de la Cruz.

Un amor que nos lleva a la acción, encontrando su fuente y fuerza en la experiencia diaria de oración. Una oración de silencio y recogimiento, que nos conduce a un encuentro íntimo con Jesús.

Reconocemos que el ideal de plenitud humana es Cristo, en “el que se esclarece el misterio del hombre” (GS 22), y todas nuestras acciones y decisiones están centradas en El. Lo confesamos como “camino, verdad y vida”.

CUERPO, MENTE Y ESPIRITU: Somos una unidad

Proponemos una mirada interdisciplinaria, atendiendo y trabajando cada una de estas dimensiones, para que sirvan a los fines de nuestra creación.

 

"...Y VIO QUE ERA MUY BUENO”: Valorar a la persona

 

El hombre es “esencialmente bueno” ni su pecado, ni sus inclinaciones, ni su sexualidad, ni su carácter, ni sus deseos, lo determinan. El hombre es mucho más que estos aspectos. No importa la situación en la que se encuentre, aún las más terribles y atroces, siempre hay que respetarlo y valorarlo como hijo de Dios. Siguiendo el ejemplo de Jesús que “no vino a juzgar al mundo sino a salvarlo” (Cf Jn 12, 47), evitamos los desprecios o los juicios de valor, primero porque reconocemos nuestro propio pecado, y segundo porque todos somos valiosos a los ojos de Dios, con dones y talentos diversos, que nos hacen únicos.

 

SOMOS COMO “OVEJAS PERDIDAS”

Nadie queda fuera del amor de Dios. El sale en busca de la oveja perdida, porque le importa especialmente cada uno. (Cfr. Lc 15, 1-7)

 Dios está con todos y aún más con el que sufre. No importa la causa, la tarea es acompañarlo, estar a su lado, compartir la carga para que se haga más liviana.

Compadecer significa padecer con el otro, nuestra mirada debe estar enfocada a hacernos uno en el sufrimiento con el otro.

PERO NO ESTAMOS PERDIDOS

La salvación es para todos, y todos necesitamos ser redimidos por Cristo.

Este es un mensaje de esperanza, porque ni los sufrimientos de la vida, ni las situaciones de dolor, de impotencia, de pobreza, de violencia, de maldad nos pueden “apartarnos del amor de Cristo” (Rm 8, 35). En cada historia de vida debemos encontrar esa luz que salva, y sólo con los ojos fijos en Jesús, podremos encontrarla.

La Línea Editorial de MARANATHA es el marco en el que se encuadra y comunica nuestra forma de ver la realidad, al hombre y al mundo. De aquí se desprende nuestra manera de ser y actuar, nuestras opiniones y posicionamientos de acuerdo a lo que Dios nos ha ido revelando, una mirada en constante construcción.